Mar 24, 2014

 

Entrevistas breves con hombres repulsivos

Por Miriam Badillo




Foster Wallace llega hasta las últimas consecuencias. No le teme a la insistencia ni a la extensión. No para hasta tocar fondo. Explora, indaga, rasga, excava, repite compulsivamente. Bueno y ¿qué es lo peor que podría pasar? él nos lo dice. Veo en Wallace la viva imagen del escritor que en primer lugar es un observador experto, un visionario, un escrutador. Ése que puede verlo todo como si ocurriera en cámara lenta; ante sus ojos se despliegan todos los detalles, todos los recovecos. Se atreve a llevar a pie de página lo que considera no indispensable al texto, pero no renuncia a ello. Es mi primera lectura de este joven que ya no está entre los vivos, no será la última.

David Foster Wallace, Entrevistas breves con hombres repulsivos, trad. Javier Calvo, Debolsillo, Barcelona, 2013. 

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Feb 18, 2014

 

Desembalo mi biblioteca y El infierno del bibliófilo

Por Miriam Badillo




De mi pequeña colección de libros que hablan sobre libros, de la editorial Olañeta, estos dos textos. El primero de Walter Benjamin, el segundo de Charles Asselineau. Del autor alemán encontramos aquí varios textos cortos que nos hablan de su pasión de coleccionista, particularmente de libros y juguetes tradicionales. Su prosa no siempre me resulta accesible, debo confesar. Me queda clara, sin embargo, la calidad de visionario de Benjamin, quien se fijaba en las pequeñas cosas, en las marginales, en las que dan sustancia a la vida. El segundo, nos muestra lo que puede ser la peor pesadilla de un amante de los libros. Nos retrata también un tiempo en que el libro, como objeto, constituía un tesoro. Tesoro que podía rastrearse y cuyo hallazgo proveía alegrías incomparables. Veo, más allá del tema que me encanta, como hay textos que realmente envejecen.  

Walter Benjamin, Desembalo mi biblioteca, trad. de Fernando Ortega, Olañeta, Barcelona, 2012.

Charles Asselineau, El infierno del bibliófilo, trad. Manuel Serrat Crespo, Olañeta, Barcelona, 2013.

Dec 19, 2013

 

La bruja y el capitán

De Leonardo Sciascia

Por Miriam Badillo

Breve reconstrucción histórica de un proceso por brujería en Milán, en el siglo XVII. Desde luego, se trata de un juicio contra una mujer, Caterina Medici. En diálogo con Los novios de Alessandro Manzoni y con documentos del proceso, Sciascia construye un texto de configuración no lineal, imbricada, de sintaxis dislocada y numerosas incisas. Él mismo narra, como debe ser en un texto de naturaleza no ficticia, sin embargo, a ratos parece que estamos más bien ante un narrador literario, un narrador que emite juicios, no ante un historiador. En todo caso, se nos despliega la visión del imaginario de una época oscura, en la que las supersticiones viajan del vulgo a los dominios de la alta cultura y vuelven a éste autentificadas, certificadas nos dice Sciacia y a través de Manzoni: "De las invenciones del vulgo, tomaba la gente culta lo que podía acomodarse a sus ideas; de las invenciones de la gente instruida, tomaba el vulgo lo que podía comprender a su modo; y de todo se formaba una masa enorme y confusa de pública demencia". Pública demencia en la que las mujeres eran torturadas y asesinadas; acusadas de brujas por hombres cuya sociedad no les daba la posibilidad reconocer que estaban enamorados de una criada. Mujeres que aprendían las artes diabólicas (inútiles por lo demás) para tratar de asegurarse la presencia masculina y con ello un poco de estabilidad en ese (este) mundo hostil. Una Caterina dispuesta a confesar lo hecho y lo no hecho, lo sabido, lo contado por otros, a tomar lo que pudiera de esa masa enorme y confusa de creencias para tratar de escapar si no a la muerte al menos al tormento. 

Leonardo Sciascia, La bruja y el capitán, Tusquets, Barcelona, 2006.
Traducción de José Ramón Monreal



Nov 27, 2013

 

El miedo a los animales


Por Darío Basavilbaso





Evaristo Reyes, escritor fracasado e idealista, en un lapsus de expiación literaria, decide formar parte del Poder Judicial, en su más infame categoría,  la de policía. Ya como parte de la institución, sus aspiraciones consisten en adentrarse en las catacumbas tenebrosas del organismo encargado de hacer cumplir la ley y escribir un libro sobre el tema, pero lo que se va conociendo a lo largo de la trama nos muestra a un personaje víctima de la metamorfosis natural de esos “ambientes”, bajo la atenta tutoría de Maytorena  excelente personaje de abominables contrastes: drogadicto, asiduo al desmadre hard, ferviente apasionado de travestis y conmovedor paladín del amor a los hijos. Es Maytorena quien rueda el copo de nieve que se vuelve avalancha cuando,  de manera fortuita, descubre en el suplemento cultural de algún periódico explícitos y directos insultos al Jefe del Ejecutivo. Como la motivación de un hombre corrompido hasta las entrañas no es impartir justicia sino obtener beneficios, Maytorena busca madrugar al autor de los vilipendios por conducto de “El intelectual” Reyes. Aquí Serna comienza un ejercicio singular y quizá el leitmotiv de su novela: ¡hacer pedazos a la intelectualidad nacional! con el pretexto de una narración policiaca que por momentos rebasa lo verosímil, Evaristo Reyes lucha en solitario contra dos instituciones monstruosas: la primera, la peor; la intelectualidad, compuesta por narcisos, trepadores, autocomplacientes, briagos y promiscuos, amos y señores de las letras. Donde el más destacado y digno de alabanza será únicamente aquél que mejor oculte su verdadero rostro. La segunda, la tradicional, el sistema judicial, animales con armas y mediada puntería, capaces de asesinarse entre ellos si el alcohol lo amerita y que al igual que los anteriores persiguen la dádiva  de la instancia superior. Tanto entre los judas como entre los intelectuales, existen ritos iniciatorios, un asalto con lujo de violencia promueve y da legitimidad al prospecto a cargar un arma y una placa. Un acto lésbico ocasional pone a la chica buena y culta en la antesala de la publicación de su obra. La novela negra permite algunos abusos imaginativos en beneficio de una sangre más carmesí. Un par de estas licencias se adjudica Serna con las cuales no queda más que ser indulgente. Sin embargo, el final es débil y engañosamente moralizante, el perseguido por las dos respetables instituciones es acorralado, pero logra salir adelante; por fin escribe y alcanza la “limosna de notoriedad” que siempre está instalada en la conciencia del más infeliz. Al final la expiación se consuma. El autor marginado, el seudojudicial surge de sus cenizas y como decisión aleccionadora al tocar el cielo decide permanecer en este fango. Como policía renovado pide lugar donde están las emociones fuertes: Sinaloa. Obvio, a ser intelectual o morir a manos del narco, definitivamente la segunda opción.      

Oct 17, 2013

 

Su nombre era muerte

Por Miriam Badillo
 
 
Novela de Rafael Bernal, el gran autor de la joya El complot mongol. Suficiente razón para leer este libro. Me lo recomendó además un amigo: "es uno de sus mejores". Me lo prestó. La portada me pareció horrible de entrada. Luego, el prólogo de Francisco Prieto me generó las más altas expectativas...lo empecé, me gustó. Continué, ya no sabía si me gustaba. Lo terminé, sigo sin saber si me gustó o no...De cualquier modo es un libro del que necesito hablar con los demás, de esos que quieres que lean tus amigos iniciados y para que te digan qué piensan, para que te den algunas luces. Le adjudico el pecado de la inverosimilitud, uno de los más graves en literatura, si no el que más. No logré pactar con el autor (o él conmigo, qui sais?), no me la creí. Sin embargo, a unos días de distancia, empiezo a comprender la profundidad de lo que Bernal puso en esta obra. Un hombre desencantado huye de la civilización y aprende el lenguaje de los moscos...Después de todo, aquí se habla de los grandes temas: la justicia, la naturaleza humana, la sociedad, el amor, el odio, Dios. Creo que voy a terminar por tener este volumen de fea portada negra en una gran estima Aunque pronto habré de devolverlo.  Ya se verá si siento el impulso de comprarlo...
 
Rafael Bernal, Su nombre era muerte, Jus, México, 1987.
 
 

Jul 31, 2013

 

Rimbaud el hijo y La caja equivocada

Por Miriam Badillo


Rimbaud el hijo es uno de esos textos que uno desearía haber escrito, derrama belleza. Rimbaud el hijo es uno de esos textos que parecen haber sido escritos en estado de trance, cuando las puertas del mundo y del alma propia y ajena están abiertas de par en par. Michon alude, rodea, imagina, infiere. ¿Qué otra cosa puede hacerse con la poesía personificada, con el jovencito que caminó solo siempre?
 
La caja equivocada obedece a una época y a un autor, a un objetivo preciso, a unos personajes y a unas situaciones absurdas. Divertida sí.


Pierre Michon, Rimbaud el hijo, trad. de Una Pérez-Ruiz, Aldus, México, 1997.

Robert Louis Stevenson, La caja equivocada, trad. A.L.A (¿?), Andrés Bello, Barcelona, 1998.


Nov 23, 2012

 

La soledad de los números primos

Por Miriam Badillo

Llegué a este libro por la fuerza atractiva del título. No recuerdo a quién se lo oí por primera vez y, luego, me lo encontré cuando iba saliendo de una librería. Puedo decir que el título me sigue pareciendo lo mejor. Esa idea de soledad implícita, de distancia insalvable, la rareza, la singularidad. La soledad aplicada a un término matemático, a ese universo magnífico inmume a las debilidades humanas. Los primeros dos capítulos son intensos y constituyen un arranque inmejorable, luego, todo va diluyendose un poco, aunque, como todo buen best seller, logra mantener con éxito la atención del lector. Hay varias esenas memorables y una que otra frase digna de recuerdo. 

"Y Alice sonrió pensando que quizá aquélla sería la primera media verdad de los esposos, la
primera de las pequeñas grietas que se crean entre dos personas, por las que tarde o temprano la vida introduce su ganzúa y hace palanca."

Al final quedé un poco hastiada de los personajes (me disculpo por la apreciación ultratrapersonal), sobre todo porque fui viendo la película a compas de la lectura y en realidad es una mala película. 
En fin, me desconcierta este libro, no sé muy bien qué pensar de él. Si sólo fuera un éxito de ventas y no un libro reconocido con premios importantes en Italia me sería más simple comprenderlo. Tengo con él una suerte de relación repulsión-atracción. Aunque es indudable que su joven autor (físico) incluyó en él los ingredientes necesarios para lograr un texto sólido.

La solitudine dei numeri primi, uno de esos títulos que me habría gustado inventar.

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